Blog de ISOTELIA

El corazón del departamento fiscal

Ayer tuve un acontecimiento desagradable con una empresa, y he necesitado reflexionar y plantearme los fundamentos y motivos de la relación laboral que mantengo con mis clientes.

Todas las relaciones mercantiles se basan en un intercambio de servicios o bienes a cambio de dinero. Es obvio que si el servicio es malo o no se paga o se paga mal por dicho servicio, la relación se romperá tarde o temprano.

Pero más allá de la cuestión monetaria como muchos de mis clientes  han comprobado, para nosotros en Isotelia la relación profesional no es tan solo una interrelación servicio-dinero, sino algo más…personal.

Para mí, como responsable del departamento fiscal, contable y económico de Isotelia, la cuestión monetaria se puede ver delegada a un segundo plano cuando mi motivación principal está suficientemente cubierta.

Y es que mi principal intención cuando aparece por mi puerta un cliente nuevo es que tenga un cambio de mentalidad y no me considere solo como un mero prestador de servicios.

Yo no estoy para “contabilizar”, ni para “lanzar impuestos” . Para eso hay miles de asesorías y gestorías. Yo estoy para sentir que soy parte de esta nueva empresa. Necesito hacer que esta (tu/mi) empresa prospere, necesito que mi nuevo socio (cliente) consiga una situación estable sin problemas de riesgos fiscales absurdos, ni riesgos económicos que puedan poner en peligro tu/mi empresa.

Es imprescindible para que haga bien mi trabajo que entiendas que no estoy detrás de una mesa en un despacho perdido de San Sebastián de los Reyes.

No.

Yo estoy junto a tí, detrás de tu mesa. Agobiado cuando no llegamos a fin de mes y enfadado contigo cuando hemos realizado una acción comercial temeraria y hemos puesto en riesgo los ingresos del mes. Aunque entienda que tenemos que invertir, pedir un crédito y arriesgarnos con la nueva carta de productos para el nuevo mercado.

No cometemos errores fiscales prácticamente, a pesar de contabilizar aproximadamente entre 40.000 y 60.000 apuntes por trimestre. Y eso nos permite no ser meros contables-presentadores de impuestos.

No nos interesa. Eso lo hace cualquiera y no me motiva.

Por eso, ayer entendí que si bien cuando una empresa no paga es obvio que se romperá la relación, también es inevitable pensar que si no me pagas, es porque no me valoras y tampoco me consideras parte importante de tu empresa. Por tanto, y este es lo motivo principal, si no soy parte de tu empresa, no me sentiré implicado y debemos romper de inmediato la relación.

Hace un mes, una empresa con la que llevaba trabajando desde hace más de 11 años, tuvo que cerrar. Motivos económicos y de mercado, principalmente. El mercado había cambiado y dejado de necesitar el producto que ellos comercializaban. La pena que sentí  cuando la di de baja en Hacienda tan solo ellos (los dos administradores, mis amigos) podían entenderla.

Puedo decir con orgullo, que prácticamente todos los clientes que tengo ahora mismo me hacen sentir que entienden esta necesidad mía de ayudarles, de sentarme a explicarles como va su/mi empresa, de regañarles cuando creo que no deben de hacer algo (aunque lo entienda), de que cualquier situación económica de la empresa debo darles mi opinión (aunque como agente adverso al riesgo que soy no siempre digo lo que quieren escuchar).

Puedo equivocarme con los miles de apuntes que contabilizamos. O podré olvidar alguna factura. Pero cuando las cosas las sientes dentro del corazón es más difícil cometer errores, y es más fácil luchar con ganas contra todo lo que se ponga por delante, enfrentándome cada día y ganando,  porque mi /tu empresa sea cada día mejor.

Un placer trabajar CON vosotros.  (Porque yo no trabajo PARA vosotros).

José Jaime Granados.


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